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En el día de mi cumpleaños número 80, decidí ayudarme a caminar con un bastón; en la Ciudad de Córdoba tuve la suerte de encontrar (en casa de un anticuario) uno de muy buen aspecto y confeccionado en madera de tala, al que he nominado como mi amigo y acompañante en el camino. A este trozo de noble madera, que me acompañará no por necesidad ni por receta médica sino por elección personal, quiero dedicarle un par de párrafos. Me brinda su incondicional apoyo, me da seguridad en el andar y me permitió comprobar que, un anciano con bastón es mejor considerado por la sociedad que lo rodea, mucho más de lo que yo creía. Hasta los choferes de los ómnibus locales, con infundada mala fama, se detienen con paciencia y esperan a que cumpla con los trámites del boleto para acelerar la marcha. Esto habla muy bien de ellos y de todos los que comparten conmigo las maltrechas veredas de esta bendita ciudad.
Al bastón lo podemos clasificar en tres grandes grupos, aquellos que nos ayudan a caminar, aquellos que ayudan a identificar a los que tienen poder y aquellos que ayudan a movilizarse a los no videntes. Hay una serie de bastones con fines específicos como aquellos que usan los esquiadores y los que usan los recolectores de setas u hongos en Europa, y muchos más.
Entre los primeros, los encontramos de distintas formas y materiales, la madera es posiblemente la más usada, aunque está siendo desplazada por los metales y los plásticos. No hay mucho más que decir, además de lo que explicaré más adelante.
Aquellos bastones que indican que el portador es una persona con poder, está confeccionado por materiales de noble calidad, por ejemplo el bastón que recibe en cada mandato el elegido para presidir la Nación, que en un principio eran de caña de Malaca con empuñadura de oro macizo; hoy en cambio los bastones presidenciales, que el orfebre Pallarols dona al Estado, está confeccionado en urunday rubio, madera del noreste argentino, muy barata, pero muy noble, no se quiebra, no se dobla, no se rompe; no se corrompe porque no lo ataca la polilla, ni la carcoma.
Todos los habitantes de este país deseamos que el Presidente elegido tenga las mismas características que el urunday.
La empuñadura ahora es en plata con aplicaciones esmaltadas y oro, y puede ser “firmada” por todo aquel que así lo desee con un golpe de maza, solo es necesario conectarse con el Sr. Pallarols, antes de que lo entregue al nuevo dueño.
Hay muchísimos ejemplos de bastones que indicaban que su dueño era poderoso, sin duda el más buscado en nuestro país es el bastón de mando de los indios comechingones, enterrado en algún lugar del Cerro Uritorco en la Provincia de Córdoba. Que según cuenta la leyenda aquel que lo posea tendrá el poder absoluto sobre gentes y cosas. Tan en serio se tomó esto que según cuentan los lugareños, en la época del Tercer Reich, fueron varias las expediciones mandadas personalmente por Adolfo Hitler a buscar este elemento que le daría poder sin fin.
Demos gracias a Dios que no lo encontraron y que la leyenda continúe.
Desde muy antiguo y en todo el mundo los militares portan un bastón de mando, existen muchas historias sobre ellos. Es interesante repasar las fotos de los generales que intervinieron en la segunda guerra mundial y comprobaremos que tanto del lado de los Aliados como del Eje portaban similares bastones que indicaban su rango.
Los bastones para los no videntes tienen una evolución rápida en beneficio de sus usuarios, en este momento tenemos en el mercado un bastón electrónico que detecta y avisa al portador la presencia de algún obstáculo.
El bastón de madera que vemos en la calle acompañando a aquellos que por distintas razones deben usarlos para asegurar el equilibrio, se compone de un puño, que puede tener distintas formas, y un extremo generalmente de goma que se llama contera. Los puños más comunes son los curvos, aunque actualmente se fabrican con distintos formatos; aquí en Salta tenemos muy buenos artesanos que confeccionan bastones de madera de palo santo y de algarrobo, que en su puño llevan distintas formas animales, este toque artístico los hace menos “empuñables” pero sin duda mucho más llamativos.
El bastón en general, aquel que usa toda persona cualquiera sea su edad, para ayudarse en el diario trajín, y tener mayor seguridad en el desplazamiento, tiene mala fama.
Vemos que algunas personas que lo pasarían mucho mejor ayudados con un bastón se niegan a usarlo porque es un “sinónimo de vejez”. Esto nos hace entrar en el folklore bastonero, personalmente creo que es mejor un buen bastón, que un mal golpe.
Este adminículo tan elegante en otras épocas de uso cotidiano y cuya única finalidad era aumentar la “pinta” del portador, solía tener algunos secretos. Por ejemplo aquellos bastones del siglo XIX que se denominaron “con estoque” o “porta daga” el primero contenía una espada (estoque) y el bastón solo hacía las veces de vaina, aunque también había algunos que contenían un mecanismo que al accionarlo dejaba salir en su extremo algo similar a un florete. Los bastones “porta daga” era un inocente bastón un poco más grueso de los normales en los que su empuñadura era la de una daga, solo se podía percibir el cambio cuando un ladrón se encontraba con un hombre empuñando un arma salida del interior de un inocente bastón. Hasta cuentan los historiadores que había bastones que eran armas de fuego como el bastón escopeta de Víctor Sarrasqueta del año 1899 que escondía en su interior cartuchos del calibre 16 mm.
Como se puede ver un inocente bastón puede esconder sorpresas.
Y así sin sorpresas sigo recorriendo las calles de mi ciudad con mi bastón de tala, con tonada cordobesa.

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