Siete horas en avión de Buenos Aires a Salta

Por El Abuelo | Lunes, 23 de Noviembre de 2009

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Estábamos con mi esposa en Bs. As. y para regresar a Salta, no hacía falta hacer muchos trámites, íbamos al Aeroparque una hora antes de la salida del avión y listo.

Pero esa mañana nos encontramos con una novedad, el avión – directo – está lleno. El empleado de Aerolíneas, con cara de espía ruso, nos dijo: “pero hay una solución” dentro de unos minutos sale para Salta el Avro. No sabíamos que era el Avro, pero en el acto dijimos si.

El Avro 748 es una aeronave de transporte de mediano y corto alcance, propulsada por 2 motores turbohélice, fue diseñada por el fabricante británico Avro a fines de los años cincuenta del siglo pasado para reemplazar al DC-3 que tras haber prestado innumerables servicios se encontraba al final de su vida útil. Avro enfocó su diseño en lograr un avión versátil que pueda ser operado desde pistas cortas y mal preparadas, el resultado fue un éxito comercial y eventualmente se fabricaron 380 de estas aeronaves en todas sus variantes a lo largo de 25 años, incluyendo alrededor de 85 ejemplares construidos bajo licencia en la India, esto dice hoy WIKIPEDIA, el “mata burros” (diccionario) más rápido con que contamos en la PC.

Pero en esa época no teníamos ni idea.

El avioncito es lindo – simpático y confortable. Despegamos de Aeroparque rumbo a Rosario de Santa Fe, primera etapa de un viaje que resultó – algo para contar a los nietos – . Sin problemas decolamos de Rosario con rumbo a Córdoba, ese sería nuestra segunda etapa. Los cuarenta pasajeros que iban a bordo éramos grandes amigos y nadie podía entender por que viajando a Salta habíamos tomado semejante “carreta”, pero a nosotros nos encanta volar y estábamos de muy buen humor, además no había otra.

En este tramos, la azafata, queriendo romper un block de hielo con el punzón, perforó el balde de plástico y comenzó a caer agua sobre unas cajas con pollitos BB, a la consulta que se hizo en Córdoba contestaron que pollito mojado con agua helada era pollito muerto, nos dedicamos en el penúltimo tramo Cba.Tuc. a cuidar los pollitos y cuando llegamos a Tucumán (pasado el medio día) cada pasajero tenía en su falda un par de pollitos. Los pollitos dejaron de ser esos simpáticos bichos emplumados de amarillo, para convertirse en horribles y mal olientes aves que deben estar en cualquier lado menos dentro de un avión.

Cuando casi toda la Ciudad de Salta, dormía la siesta, aterrizamos en El Aybal, habíamos cumplido cinco etapas, y registrábamos un record de casi siete horas en el viaje. Descendimos del avión tratando de darle un poco de tranquilidad a la azafata que aún en tierra perseguía a los pollitos que se negaban a volver a las cajas.

Por eso pienso que nos hemos puesto un poco exigentes por de más cuando “tiramos la bronca” por que el avión llega o sale con un poco de atraso. ¿ No le parece ?

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