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Sociedad

“Mientras exista un pibe, el circo no morirá”

Fuente: www.informatesalta.com.ar | Sábado, 14 de Julio de 2012. 15:06hs.

La magia del circo es incomparable. El espectáculo, uno de los más viejos del mundo, se renueva en forma constante y transita de aquí para allá movilizando miles de kilos por el país y fuera de él. El entusiasmo del niño se agiganta cuando mira las luces y la gigantesca carpa, y el show que se brinda debajo de ella es alucinante, sobre todo para los más pequeños.

Habrá que buscar en las entrañas de la historia para conocer a ciencia cierta cuándo se desarrolló el primer espectáculo circense. Se sabe, por ejemplo, que en siglos pasados los carromatos del circo, tirados a caballo, tuvieron que construir picadas para llegar a determinados pueblos donde no existían los caminos. De esta manera, el circo colaboraba con el progreso, porque esas sendas eran usadas luego para unir al pueblo con el resto de la civilización.

La palabra “circo” es usada en la actualidad como un cuchillo: sirve para matar o para cortar el pan. Cuando alguien se propone ofender a otro, le dice que no sea “cirquero”. Pero para un niño, la palabra “circo” representa la magia, escaparse de la realidad para instalarse en un mundo de fantasía por espacio de dos horas, donde reirá, cantará, se sorprenderá y quedará tan entusiasmado que, quizás, en ese pequeño cuerpo nazca la idea de escaparse escondido en uno de los tantos bultos que cargan los camiones cuando la carpa se desarma y abandona la capital en busca de nuevos horizontes.

En el híper Libertad está el circo Safari, un espectáculo que lleva más de 100 años “viajando ilusiones”, como dice el slogan pintando en los 5 camiones que posee, que tiran a los 13 semis remolques que movilizan, cada dos meses aproximadamente, cientos de miles de kilos de aquí para allá. “La carpa y sus accesorios pesan 30 toneladas, para que te des una idea de lo que transportan los camiones por todo el mapa”, le explica a Informatesalta Fernando Dresdner, el encargado de relaciones públicas del circo.

Un total de 60 personas componen el personal del Safari, entre artistas, personal de maestranza y choferes. Pasan su vida en la ruta y en ciudades populosas, pueblos pequeños, funciones a carpa llena o a medio cubrir. “Pero así vengan 5 espectadores, tenés que hacerlos divertir y dejar lo mejor que tenés adentro para que se vayan felices, porque ellos, los espectadores, vienen a un circo a buscar felicidad, y nosotros intentamos dársela”, explica Esteban, un uruguayo que “hace de todo” bajo la carpa, aunque su función habitual es la de boletero.

Y ese “darlo todo” no conoce límites, porque se dieron casos conmovedores que se apegan a la famosa frase “el show debe continuar”. Un payaso que tenía años antes el Safari (ahora está en otro circo) se llamaba Pucho, un enano que arrancaba la sonrisa de todos los presentes. Pucho estaba casado con Rosita, una enana simpáticamente gordita, con la cuál conformaban un dúo entrañablemente graciosos. A Rosita le detectaron una enfermedad terminal, la que la fue consumiendo y una noche murió, minutos antes de una función. Pucho se pintó el rostro a las apuradas, sacó fuerzas de dónde no tuvo y salió a la pista. Dicen, aquellos que estuvieron presentes, que fue su mejor actuación, que fue tan conmovedora que Pucho tuvo que salir una y otra vez a recibir el baño de afecto que representan para los artistas el aplauso. El público, obviamente, no sabía que minutos antes, ese payaso que los hacía reir, había quedado viudo.

“Como eso existen muchos casos, como el de Pucho, porque el artista es eso, brindarse, emocionarse, hacer reir, de eso vivimos y sin esos ingredientes es como si nos faltara el aire”, comenta María, una suerte de ama de llaves de los dueños del circo, que viajan con los artistas supervisando que todo esté en orden al momento de que se enciendan las luces y comience el espectáculo.

“Alguna vez nos retrasamos en el debut, pero no por cuestiones nuestras, sino por causas del clima. Cuando llueve mucho, o hace demasiado frío, preferimos postergar el debut”, comenta el encargado de relaciones públicas.

El Safari renueva su plantel de artistas, y la gente va de circo en circo, renovando también sus expectativas. Los artistas de circo son monotributistas y tienen una cobertura de riesgo personal que los protege en caso de accidentes. “No son muy frecuentes los accidentes, por suerte, porque son números que llevan años en la pista, aparte del entrenamiento constante que desarrollan los encargados de cada número”, explican.

En próximas entregas, vamos a develar algunos secretos bajo la carpa. Cómo hacen para estudiar los chicos, cómo se llevan entre los grandes, ¿existen peleas, discusiones, desavenencias bajo la carpa? “Un circo es un barrio móvil, donde pasan un montón de cosas”, le confesaron a Informatesalta. Las próximas entregas, entonces, prometen ser tan cautivantes como un espectáculo circense.

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